💠 El cuerpo lleva la cuenta: trauma, dolor crónico y el lenguaje silencioso de la memoria corporal
- Carolina Hulett

- 3 ago 2025
- 2 Min. de lectura
No hace falta haber vivido una guerra para tener heridas.
Ni haber sido soldado para cargar con un trauma.
Lo que muchas personas no saben —especialmente quienes viven con fibromialgia, fatiga crónica o dolor persistente— es que el cuerpo recuerda.
No como un recuerdo lógico y ordenado.
Sino como un eco que se instala en la respiración, en la piel, en los músculos que se tensan sin razón.
El Dr. Bessel van der Kolk, psiquiatra y pionero en la investigación del trauma, lo dice sin rodeos:
“El trauma no solo afecta a quienes lo vivieron directamente, sino también a quienes los rodean.”
¿Cómo se relaciona esto con el dolor crónico?
En su trabajo con veteranos de guerra, el Dr. van der Kolk descubrió que muchos de ellos no solo vivían con recuerdos dolorosos, sino con dolores físicos constantes, con un cuerpo en estado de alerta, con relaciones que se volvían imposibles por miedo, ansiedad o bloqueo emocional.
No podían dormir.
No podían relajarse.
No podían confiar.
Y no se trataba de una falta de voluntad.
Se trataba de que el sistema nervioso había sido reconfigurado por la experiencia traumática.
El cuerpo había aprendido a sobrevivir… y ya no sabía cómo volver a descansar.
¿Te suena familiar?
Muchas mujeres con fibromialgia describen que “siempre estuvieron fuertes”, que “aguantaron demasiado”, que “no podían parar”.
Hasta que el cuerpo habló.
Pero no habló con palabras.
Habló con dolor.
Con fatiga.
Con una sensación de encierro en sí mismas.
El Dr. van der Kolk explica que las personas con trauma no necesitan solo hablarlo, sino también vivir nuevas experiencias corporales que contradigan el trauma:
el colapso, la impotencia, la rabia.
Necesitan sentir que el cuerpo sí puede moverse sin dolor, respirar sin miedo, abrirse sin peligro.
Tres caminos posibles para sanar (según Van der Kolk)
La investigación científica actual muestra que la recuperación del trauma —y del dolor crónico relacionado con él— puede apoyarse en tres vías:
De arriba hacia abajo:
Usar la mente para observar, poner en palabras, conectar con otros y reorganizar el caos interior.
Con apoyo farmacológico o técnico:
Medicamentos, terapias como EMDR o estimulación del nervio vago.
De abajo hacia arriba:
Trabajos corporales seguros y respetuosos, como el yoga sensible al trauma, la respiración consciente o el movimiento compasivo.
Este tercer camino es, en muchos casos, el más profundo y transformador…
porque el cuerpo fue donde todo comenzó.
Un cuerpo que vuelve a confiar
No se trata de forzar.
Ni de ignorar el dolor.
Se trata de crear espacios de seguridad interna donde el cuerpo, poco a poco, pueda grabar nuevos mensajes:
🦋 “No estás en peligro.”
🦋 “Puedes moverte sin sufrir.”
🦋 “Aquí, ahora, estás a salvo.”
Y aunque no hay un único método para todas, hay una certeza que sí compartimos:
El cuerpo lleva la cuenta…
pero también puede llevar la memoria de nuestra sanación.
Inspirado en las investigaciones de Bessel van der Kolk
y en la experiencia de cientos de mujeres que aprenden a habitar su cuerpo desde el amor.

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